FINANZAS

FINANZAS

miércoles, 10 de febrero de 2016


¿Cuál es la importancia del sistema financiero?





El hecho de tener un sistema financiero sano promueve el desarrollo económico de un país porque permite la inversión de capital hacia actividades productivas, como la construcción, la industria, tecnología y la expansión de los mercados. Es decir que el sistema financiero contribuye al progreso de una sociedad, ofreciendo soluciones para suplir necesidades de vivienda, estudio, trabajo, entre otros.


El conjunto de entidades que conforman el sistema financiero están organizadas de tal forma que intentan llegar a cubrir la mayoría de necesidades que una población puede exigir para que el ciclo económico no pierda su velocidad.


Es por lo anterior que existen establecimientos como los bancos, corporaciones financieras y compañías de financiamiento. Todas con objetivos y funciones que identifican diferentes mercados y distintas necesidades. Los productos y servicios que ofrece el sistema financiero afectan directamente la vida de todos los agentes que participan en él, lo que obliga al Estado a realizar una vigilancia a través de normas y regulaciones, otorgando confianza a la sociedad y estabilidad a la economía en general.


El sistema financiero es esencial en el desarrollo de la economía moderna


La importancia del sistema financiero se puede mostrar también con aspectos relacionados en la vida cotidiana, tales como la demanda de dinero o la tenencia de activos.


Al ofrecer rendimientos atractivos, liquidez y reducciones en el riesgo se estimula el ahorro y también se permite evaluar opciones de inversión o acceso a créditos que se reflejan en el uso eficiente de los recursos.


Lo anterior implica que cada producto y servicio que ofrecen las instituciones financieras logran satisfacer adecuadamente a los usuarios. La posibilidad de realizar transacciones o pagos de manera rápida y eficaz sin correr mayores riesgos, también permite que las personas encuentren un sitio seguro para guardar sus ahorros obteniendo adicionalmente una rentabilidad.


El sector también tiene una función transaccional, ya que facilita el pago de bienes y servicios y de esta manera, el comercio e intercambio entre personas, empresas y países. Al permitir el uso de tecnología y de diferentes medios de pago con amplia aceptación reduce costos transaccionales. Las entidades bancarias son las encargadas de proporcionar la liquidez que necesita la economía para continuar con su crecimiento.


Entre más robusto y equilibrado sea el sistema financiero más va a contribuir al desarrollo y crecimiento tanto de la sociedad como del país.

La prima de riesgo bursátil implícita: un indicador claramente imperfecto que hay que tener en cuenta


Intentar estimar el posible grado de sobrevaloración o de infravaloración de la bolsa no es una tarea sencilla. Cualquier indicador tiene ventajas e inconvenientes y, por ello, lo más razonable es tener en cuenta un amplio abanico de medidas. Una evaluación global de un conjunto de indicadores puede proporcionar un mayor grado de confianza en torno a la valoración que se haga del mercado que se esté analizando. Entre las múltiples medidas que se utilizan, se encuentra la prima de riesgo bursátil implícita (PRBI).


Antes de abordar la PRBI, conviene explicar qué se en­­tiende por la prima de riesgo bursátil. Esta medida no es más que la compensación que exigen los inversores en términos de rentabilidad por invertir en activos de mayor riesgo (acciones) en vez de hacerlo en títulos con niveles de riesgo más bajos (deuda pública). El nivel de riesgo de las distintas clases de activos hace referencia a la dispersión o a la volatilidad de sus rentabilidades históricas. A modo de ejemplo, la desviación estándar de los retornos anuales históricos (desde finales del siglo XIX hasta inicios de la segunda década del presente siglo) del mercado de acciones cotizadas de EE. UU. alcanza el 20%. En el caso de las letras del Tesoro estadounidense a tres meses, la desviación estándar es del 4%. Naturalmente, la contrapartida al mayor riesgo que presenta el mercado bursátil es que comporta un retorno mucho mayor que el de los títulos de renta fija. Así, la rentabilidad promedio anual real (ajustada por la inflación) histórica de la bolsa estadounidense es del 6,5%. Por su parte, la rentabilidad promedio histórica del bono americano a 10 años se ha si­­tuado en torno al 3% en términos reales. La diferencia entre ambas magnitudes arroja una prima bursátil histórica del 3,5%. Si se tiene en cuenta la rentabilidad histórica de las letras del Tesoro americano (1,6%), la prima bur­­sá­­til asciende hasta el 4,9%, lo cual representa un di­­fe­­rencial de rentabilidad considerable, exigido por los inversores para invertir en acciones en vez de hacerlo en deuda pública. De hecho, la dificultad de la teoría económica para justificar una prima de riesgo bursátil tan abul­­ta­­da como la observada en los datos sigue siendo hoy por hoy, un rompecabezas (conocido como el equity premium puzzle).


La PRBI no es más que la versión prospectiva de este indicador, y la comparación de su valor frente al de la prima de riesgo bursátil histórica puede ofrecernos pistas acerca de una potencial sobrevaloración del mercado. Esta medida parte de las estimaciones de los cash-flows, fundamentalmente dividendos, que generará la cartera de acciones analizada (por ejemplo, los componentes del S&P 500). En un primer paso, se debe calcular la tasa in­­terna de retorno (TIR) implícita en esa senda de dividendos teniendo en cuenta el precio al que cotizan las acciones y, en un segundo paso, restarle un tipo de interés libre de riesgo (generalmente, la yield del bono estadounidense a 10 años). Una PRBI baja apuntará en la dirección de una posible sobrevaloración.


¿Qué podemos decir sobre la PRBI actual de la bolsa americana? Primero, que se sitúa próxima al 7%, por encima de la prima de riesgo histórica observada. Así pues, en principio, esta métrica no parece encontrarse en cotas que sugieran una situación de sobrevaloración acusada, en claro contraste con lo que reflejan otros indicadores como el CAPE (una ratio del precio actual sobre los beneficios promedio de los últimos 10 años).


De todas formas, cabe tener en cuenta que los bajos niveles de los tipos de interés libres de riesgo justifican una PRBI elevada, ya que es lógico que un inversor anticipe la eventual normalización de dichos tipos de interés. De hecho, en los últimos años, el descenso de los tipos de interés se ha visto prácticamente compensado por un aumento de la PRBI. Por otra parte, y esto es un problema fundamental del indicador, una PRBI relativamente alta no es necesariamente incompatible con una bolsa sobrevalorada, puesto que los dividendos utilizados para su estimación pueden pecar de un optimismo desmesurado, algo que sucede con bastante frecuencia.


En definitiva, aunque la PRBI no apunte en estos mo­­mentos a una situación de sobrevaloración en la bolsa americana, es importante tener presentes sus puntos débiles como indicador. En cualquier caso, se trata de una medida que debemos continuar teniendo en el radar, junto con muchas otras.



Histograma del momento en bolsa


La banca europea aguarda su momento en bolsa


La crisis financiera global propició un giro radical en las políticas monetarias y un tsunami regulatorio que ha obligado al sector bancario a una adaptación mayúscula y contra reloj. Así, a un contexto de desapalancamiento generalizado y a la necesidad de sanear los balances, se han unido unos tipos de interés en mínimos y mayores exigencias de capital, lo que ha supuesto un inmenso esfuerzo para alcanzar niveles de rentabilidad de acuerdo con el coste del capital. Con todo, aun enfrentándose a retos comunes, el comportamiento bursátil de los bancos norteamericanos y europeos viene divergiendo desde finales de 2009 y, actualmente, mientras que el mercado atribuye a los primeros una valoración superior a su valor en libros (P/B1 de 1,08), mantiene la de los segundos por debajo de su valor contable (P/B del 0,79). ¿Por qué? Y ¿qué implicaciones tiene en el futuro?


Esta divergencia puede atribuirse, en origen, a las diferencias en el tempo y la intensidad de reacción de las autoridades monetarias y regulatorias a ambos lados del Atlántico. Mientras que la Fed actuó con mayor agilidad y con­­tundencia, la reacción en Europa fue más tardía y co­­medida, al menos hasta el whatever it takes de Mario Draghi en 2012 y el inicio del proceso de unión bancaria. Sin ninguna duda, estas diferencias no solo contribuyeron a un ajuste más acelerado del sector financiero estadounidense, sino también a una recuperación económica más temprana y vigorosa que en Europa.


El entorno macroeconómico más favorable se ha reflejado en una mayor rentabilidad sobre el capital (RoE) al otro lado del Atlántico. Así, el RoE promedio de los bancos que forman parte del S&P 500 se sitúa en el 8,9%, muy por en­­cima del 3,9% que registran los bancos del Eurostoxx. Las perspectivas para los beneficios de los bancos en EE. UU. también mejoran a raíz del comienzo de la subida de tipos por parte de la Fed, porque los ingresos bancarios aumentan con unos tipos de interés mayores (el coste de los de­­pó­­sitos, una parte de los cuales –los depósitos a la vista– no están remunerados, no sube tanto como los tipos de interés de los créditos).


De este modo, el principio del fin del entorno de tipos bajos y la posición más avanzada de EE. UU. en el ciclo económico esbozan un escenario más favorable para el negocio de las entidades financieras norteamericanas a corto plazo, lo que estaría dando alas a su cotización. Las eu­­ro­­peas, en cambio, siguen penalizadas por una serie de factores: aparte de estar lejos todavía de la normalización monetaria, algunas de ellas prosiguen el saneamiento de sus balances en tanto que la debilidad económica y los procesos de desapalancamiento en curso mantienen la presión sobre los volúmenes y el coste del riesgo. Por otro lado, la necesidad de culminar la unión bancaria y la mayor armonización que ello conllevará suponen otro foco de in­­certidumbre para las expectativas de rentabilidad futura.


En este contexto, el diferencial americano-europeo en cuan­­to a valoración puede interpretarse en términos de arbitraje: para invertir en la banca europea se exige pagar un precio más bajo que en la americana porque la rentabilidad del ne­­go­­cio es inferior y esta es el determinante fundamental del crecimiento de los dividendos. El inversor solo estará dispuesto a comprar acciones si existe un claro potencial de revalorización de la acción. Al fin y al cabo, la retribución al inversor se realiza vía dividendos y apreciación de la acción. Cuando las presiones sobre el RoE se mantienen elevadas, las expectativas de retorno recaen en el encarecimiento del valor, y una ratio P/B menor que uno facilita ese crecimiento a la espera de que los resultados del sector recuperen vigor y solidez –algo que, por otra parte, es cuestión de tiempo que suceda si la tendencia actual prospera.




La Fed mantiene su hoja de ruta, pero vigilará de cerca los acontecimientos económicos y financieros globales.


Como se esperaba, en su última reunión el banco central no introdujo cambios en el tipo de interés oficial (0,25-0,50%). El elemento novedoso fue el tono cauto que empleó la autoridad monetaria. La Fed mencionó las potenciales repercusiones de los focos de incertidumbre globales sobre el balance de riesgos del cuadro macroeconómico del país. Tampoco pasó desapercibida la referencia a dicho balance de riesgos, al omitir la institución el adjetivo "equilibrado" que empleó en su reunión de diciembre. Asimismo, la Fed tomó nota de la reciente desaceleración de la actividad y reconoció que la inflación seguirá baja a corto plazo. Con todo, el Comité sigue anticipando un ritmo de expansión moderado de la economía estadounidense y gradualidad en la senda de futuros incrementos del fed funds.


El sesgo dovish de la Fed no logra disipar las dudas del sentimiento inversor, todavía frágil. No obstante, la decisión inesperada del Banco de Japón de recortar el tipo sobre el exceso de reservas y situarlo en negativo (-0,1%) impulsó la cotización de las bolsas internacionales. Otro factor de apoyo fueron las especulaciones sobre una posible reunión de emergencia de los países productores de petróleo para reducir la producción de crudo.